CUENTO GANADOR DE LA 2° MENCION EN CONCURSOS DE CUENTOS CON HUMOR DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES (S.A.D.E.) DELEGACION  CORONDA, 2013)

 

DON OMAR, LA GATA Y LA ENCUESTA DEL CAFÉ INSTANTÁNEO

 

DON OMAR, EL VIUDO QUE VIVIA EN ROSARIO, CIUDAD PORTUARIA DEL LITORAL:

 

   Resulta que don Omar quedó viudo a los sesenta y cinco años y aunque ya habían pasado diez de este hecho seguía lagrimeando por la finada. Tan triste estaba el hombre que sus hijos se reunieron para conversar el tema y pergeñar un plan para alegrarle un poco ese tiempo final de su solitaria vida.

              

     LOS HIJOS DE DON OMAR, QUE VIVÍAN EN LA CIUDAD DE SANTA FE

 

   - ¿Y si lo llevamos unos días a lo del tío Agustín?- propuso a viva voz el mayor de los hijos.

 

   - ¿A la Isla del Espinillo? ¿Vos me estás jodiendo?- arremetió la hermana-. ¿Y qué se supone que va a hacer papá en la isla con el tío Agustín que está más perdido que Kung fu? ¿Pescar sirenas de río? .

 

   El menor de los hijos entró a la conversación para pedir calma en los ánimos:

 

   - A ver, chicos, a ver…No se trata de sacarlo de su casa y mandarlo como una encomienda a la isla. Qué sé yo, a lo mejor allá en Rosario podríamos hacerlo socio de un centro de jubilados o de un club. Pagamos la cuota entre los tres y nos turnamos para llevarlo y traerlo. Digo, capaz que esa es la solución sin tener que movilizarlo tanto. ¿O no? ¿Ustedes qué opinan?... Bueno, che, digan algo…

 

   - Yo no te puedo creer, en serio te lo digo. ¿Vos te lo imaginás a papá jugando a las bochas o a las cartas? ¿Te diste cuenta que estamos a más de 200 Km. y no podemos llevarlo y traerlo de ninguna parte? A ver, inconciente, ridículo… ¿Vos te estás escuchando lo que decís?-argumentó la hermana.

 

    - ¿No sería mejor que vaya a un gimnasio?- tiró como al pasar el otro, alardeando de su propuesta.

 

   - ¿Sabés que no parecés de esta familia? ¿Vos no te diste cuenta que papá tiene una pierna ortopédica, tarado? ¿No querés que lo anotemos en un concurso de baile también?-dijo la de las uñas pintadas.

 

   - ¡Loca, sos más irritante que una ensalada de ortigas! ¡Nada te viene bien, pero nada y lo peor de todo es que hasta ahora solamente criticás y no aportás ni una sola idea, ni una!- retrucó el aludido.

 

   - Yo insisto en que lo mejor es anotarlo en un tour de “Solos y solas” de esos que van a Río en un crucerito muy coqueto, quince días más o menos-añadió la nuera que venía de pasear al perro.

 

   - Pero… en Río hablan en portugués y papá no entiende el portugués. O brasilero, lo que sea.

 

   - Bueno, entonces mandémoslo a Disney mejor ¡Marmota! Si van a hablar entre los solos y las solas ¿qué te preocupa si papá no entiende el portugués?-vociferó la hermana que ya pintaba la última uña.

 

   A partir de ahí surgieron durante la charla familiar más o menos treinta actividades diferentes en esa búsqueda incesante por encontrar algo que entretuviera a don Omar, cualquier cosa que le devolviera la sonrisa de antes de su temprana viudez. En ese evento estaban cuando el nieto adolescente abandonó el juego en la computadora y dejó atónitos a los presentes con su comentario:

 

   - Una mina. Lo que el abuelo necesita es una mina- comentó limpiando el vidrio de sus anteojos.

 

   Todos se miraron entre sorprendidos y risueños y aunque la madre amagó a meterle un sopapo subida a una silla porque el pibe era bastante alto, el violento ademán quedó suspendido en el aire cuando su hermano menor subió el tono de la voz ante el evidente descubrimiento del sobrino adolescente:

 

   - ¡Pará un poco, che! Tu hijo tiene razón. Y no me vengas con que papá tiene setenta y cinco años…

 

   La intervención de la hermana no se hizo esperar y saltó de la silla al piso agarrándose la cabeza.

 

   - ¡Ah, no, lo que me faltaba! ¿Vos estás proponiendo meter en casa a una tipa que seguro lo engatusa, le hace firmar cualquier cosa a papá, se casan y después nos quedamos todos sin herencia? ¡Ni loca!

 

   - No, sonsa, al viejo hay que buscarle una de esas minas que figuran en los clasificados que por dos mangos hasta lo atienden a domicilio, más aún tratándose de una persona mayor. Yo conozco una, bueno, en realidad el que sabe es un compañero de trabajo. Le dicen “La Gata”, no sé bien por qué. No cobra caro y acepta tarjeta de débito ¿La llamo a “La Gata?”... ¿Si?… ¿No?... Che, digan algo…

 

   - ¿Y qué querés que te diga? No lo imagino a papá teniendo sexo con una prostituta… ¿Podés creer que se me rompió una uña? Bueno, no sé, dale, llamala. ¿Dividimos el gasto entre todos? Claro, obvio…

 

   Acordaron con “La Gata” para el jueves a las diez de la mañana aunque don Omar no estaba muy de acuerdo con eso de pagar para estar íntimamente con una mujer y menos si no era la finada, pero era un regalo de los hijos y no eran tiempos de andar despreciando nada, pensó. Y se fue a la peluquería.

 

ÁGATA LÓPEZ, LA CHICA DE LA ENCUESTA Y PROMOCIÓN DE CAFÉ INSTANTÁNEO

 

   El malvado del marido la había abandonado porque se enamoró de su mejor amigo. Si, de un amigo. Encima la había dejado sola con los cuatro hijos chicos, $ 8.000 en deudas y el auto chocado. Y sin seguro. La chica había conseguido trabajo temporario haciendo encuestas sobre las preferencias de café instantáneo y entregando un sobrecito con el producto. Esa mañana le había tocado la zona ribereña de La Florida. Miró el río Paraná y se puso a llorar de bronca por su mala suerte. Caminó un montón de cuadras haciendo preguntas, escuchando respuestas, llenando formularios con tildes y cruces. A eso de las 9.30 tocó timbre en la casa de don Omar. La puerta se abrió despacio:

 

   - Buen día, señor, mi nombre es Ágata- dijo la muchacha con una sonrisa de fantasía.

 

   Don Omar subió el volumen de su audífono y pensó: “¡Upalalá…así que ésta es la famosa “Gata”!

 

   - Pase, linda, adelante, la estaba esperando, aunque se adelantó un poco en el horario. ¿No era a las 10?

 

   Le llamó la atención el comentario pero vio que era ya mayor y comenzó a escribir en la planilla.

 

   - Perdón, pero ¿qué es todo eso que llena en los papeles?- inquirió don Omar viendo la larga lista.

 

   - La gente con la que ya estuve porque después tengo que rendir cuentas- respondió la mujer.

 

   - Pero ¿ya estuvo con tantos y apenas son las nueve y media de la mañana?-rugió el anciano.

 

   - ¡Y los que faltan! ¡Ni se imagina!…Más o menos cien, ciento cincuenta para hacer alguna diferencia que valga la pena porque si no, no tiene sentido tanto sacrificio y menos con este calor. Un calvario…

 

   - ¡Qué increíble! Digo, tan menudita que es… ¿Y cuánto le pagan, si se puede saber?-arriesgó Omar.

 

   - Una miseria, señor, una miseria pero así es este trabajo tan ingrato… ¿Omar me dijo que se llama?

 

   La muchacha dejó un sobre de café instantáneo promocional sobre el mantel de cuerina verde.

 

   - Ahora permítame que le comente ¿es la primera vez que prueba por el método instantáneo, Omar?

 

   - Si, a decir verdad, si. Nunca antes me hubiera imaginado esto pero un regalo no se desprecia.

 

   - Tiene razón. ¿Le gusta solo o prefiere agregarle algo más?- preguntó con el bolígrafo en la mano.

 

   - Solo es para los adolescentes y acompañado es para los degenerados- expresó casi enojado.

 

   - Entiendo- dijo sorprendida-. ¿Y lo prefiere por la mañana, después de almorzar o por la noche?-.

 

   - En realidad a cualquier hora es bueno. ¿Vio que dicen que lo breve si es bueno es dos veces bueno?

 

   - Bueno… O sea que lo prefiere breve…

 

   - En realidad breve hoy, pero por una cuestión de tiempo. ¿Y usted por qué lo hace si le pagan tan poco? Disculpe la pregunta, es que no entiendo, una chica linda y joven como usted haciendo esto…

 

   - Es por los cuatro que cada día salen más caros.- respondió Ágata pensando en sus hijos.

 

   - ¿Cuatro? ¿Ya le pagaron por cuatro? Yo no estoy seguro de tanto, señorita. Con suerte si llego a uno.

 

   - No sé cómo, señor, pero tengo que llegar a los 8.000- dijo la mujer con cierta congoja en su voz.

 

   - ¿8.000? He escuchado cada cosa en la vida, pero como ésta... ¿8.000 dijo? ¡Eso es una barbaridad!

 

   - Lo mismo dije yo pero lo más tremendo es el otro asunto, que lo mire por donde lo mire cualquiera se da cuenta que está hecho añicos. A la parte de atrás me refiero ¿me entiende? Para colmo ni se sabe quién fue porque estaba en el estacionamiento. Imagínese, la luz apagada, sin testigos, así que no tengo a quien denunciar. Yo le dije a él que lo mejor era pagar antes que se venciera, pero se olvidó.

 

   - ¿Lo de atrás hecho añicos? ¿No quiere ir a otro lugar para estar más cómoda?-alegó guiñando un ojo.

 

   - Está bien, señor, gracias, prefiero hacerlo en la mesa. Es más práctico para mí. En realidad con esta promoción verá que se hace más rápido así que no se haga problema, me gusta sentada donde estoy.

 

   - ¿Sentada? ¡Bué…! Usted es la profesional, la que sabe… ¿Y qué pasa si tocan el timbre?

 

   - Si tocan el timbre abra la puerta. A ver, Omar, sigamos con lo nuestro. ¿Prefiere ponerle azúcar o no?

 

   - ¿Azúcar? ¿Poner el azúcar en dónde? No, mejor no me lo diga. Mire, señorita, yo le agradezco su buena voluntad pero sinceramente esto no es para mí. Digo, que no me gustan esas cosas raras. No.

 

   - ¿Cosas raras el instantáneo? No sé, recién estuve con la vecina de al lado y quedó muy conforme.

 

   - ¿La Yoli? ¿Usted estuvo con la Yoli, la vieja solterona de acá al lado que es la secretaria del cura?

 

   - Si, Yoli. Dijo que le encantó el olor y el tamaño. Hasta me pidió otro más antes de irme.

 

   - ¿Y usted qué hizo?-exclamó don Omar levantándose de la silla por tanto desparpajo de la joven.

 

   - Señor, uno más no se le niega a nadie- se justificó la muchacha sin entender su mal humor.

 

   - Disculpe, m’hijita, pero esto ya pasó de castaño oscuro, yo soy un hombre mayor, no un degenerado.

 

   Y dicho esto, don Omar abrió la puerta y la invitó a retirarse en medio del asombro de Ágata. Cerró la puerta con llave. El timbre sonó insistente y el viudo abrió: una mujer de largos cabellos rojos, maquillaje abundante y medias negras de red pasó al living. Encendió un cigarrillo y le dijo sonriente:

 

-   Hola, Omar, llegué puntual. Soy La Gata, pero ya que nos conocemos de vivir al lado, llamame Yoli.

 

 

ADELA DEL VALLE LÓPEZ

ROSARIO DE SANTA FÉ, 14 / 09 / 2014

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